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Things to do before to die

18/5/09

- D.: Crees que me querrá?
- K.: Claro. Eres su padre. Y si por esas no funciona... Siempre puedes, ya sabes... Sobornarla.
- D.. No se puede sobornar a un niño.
- K.: Ingenuo... No se nos podía sobornar a nosotros que estábamos mentalmente muertos. Pero a los críos que vienen? Tu a esos les dices: "Quiéreme y te compro una mini moto de gasolina". Y de repente un amor incondicional... que ni Luis Miguel a los boleros!
- D.: Pero no quiero comprarle una moto...
- K.: No hará falta, te querrá.
- D.: Tú crees?
- K.: ...
- D.: ...
- K.: Porque tengo la sensación de estar en un bucle? Déjalo, si te esfuerzas demasiado, serás el típico cansino que a los 40 se compra unas Doc Martens y dice cosas como "tron" y "colega". Y créeme, ya haces bastante el idiota sin esforzarte...
- D.: Oh dios... espero que no me quiera como tú.
- K.: Pues yo espero que si...

Un día de esos de P-F (porros y filosofía) D. me dijo que todos somos líderes de nosotros mismos. Que el destino no existía, y si existía no era más que un mero dibujo reflejo de todo lo que hacemos, decimos y pensamos. Su teoría era que todo aquello que moldeaba nuestra figura era la imagen que queríamos vender a ojos de los demás, que después lo disfrazábamos diciendo "yo es que soy así" pero que pocas personas sabían realmente como eran.
D. Tenía un millón de teorías sobre todas las cosas, y en días como esos en los que las horas simplemente se paseaban por delante de nosotros, siempre encontraba nuevas formas de decir que él no se conocía, pero era capaz de conocer a lo demás. Pasaba horas teorizando sobre el porqué de las cosas y las personas, hablaba sobre las motivaciones que llevan a alguien a mentir o decir la verdad. Hablaba de los gestos pícaros con los que las parejas se comunican y los matices que hacían que una mujer fuera simplemente hermosa.

Últimamente le doy muchas vueltas a esas conversaciones, porque tengo la sensación de haberme vuelto como él. Miro, observo, y después no me comunico. Creo que con el tiempo me he vuelto imprecisa y poco decidida, aunque cuando lo pienso me viene a la cabeza un grito que dice "alguna vez lo has sido?".
Caminar por los recuerdos es a falta de una mejor comparación, como entrar en el piso de un viejo. Ese olor a casa de viejo, que es como un golpe que reconoces a la primera de cambio. Lo has olido mil veces, sin embargo, no es algo a lo que te acostumbres. Pues bien, pensar en él, es como eso, pienso mil veces, pero no me acostumbro a pensar que sólo son y serán recuerdos. Este fin de semana, miraba a E. al otro lado de la mesa y a veces, pensaba que tal vez en algún momento del camino me equivoqué con ella. No sé en qué, ni sé cómo, porque realmente sólo era una sensación.
D. y yo nos comíamos el mundo. Desde hace un tiempo, tengo la vaga sensación de que el mundo me come a mí y me regurgita, para comerme otra vez.
Sea como sea, de todas esas cosas que decía D., una sí que sé que es cierta. Somos nuestros dueños, nuestros guías, sean los que sean los motivos que nos llevan a hacer las cosas, lo importante a fin de cuentas es que lo hacemos o no.


- K.: Mira, no sé si te querrá, sé que tú la querrás a ella. Y sé que todo irá bien, porque sabes cómo no debes hacerlo, has tenido ejemplos prácticos de cómo no se debe hacer, y bueno... estás aquí, sentado, cuatro meses antes de que nazca, preguntándote cosas, intentando saber si lo harás bien. Un mal padre no se pregunta esas cosas, puede que los buenos tampoco se las pregunten. Pero tú lo haces. Es más de lo que hicieron con nosotros...
- D.: Todo irá bien, verdad?
- K.: Todo irá como tenga que ir. Como siempre.




-- Esta noche reivindicaremos nuestro derecho al delirio y a la utopía. --



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