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After Eight

22/12/08

Llevo unos días un poco pachucha del estomago, no consigo retener los alimentos y es una soberana mierda. Comer y vomitar... todo es empezar.
Estoy a base de pastillas que regulan la dopamina y evitan que me salgan las entrañas por la boca. Claro que a cambio voy medio zombi por el mundo. Como sin hambre y vomito sin ganas, i'm the best...
Ya habiendo explicado la triste levedad de mi alimento, os cuento que tengo After Eight... vale, que cualquiera puede ir a un súper y comprarlo, pero es un capricho que no me permito muy frecuentemente.
Es una de esas cosas que a veces necesito para recordar.
En casa de mi abuela siempre había after eight, y recuerdo que mi abuela sólo me daba uno muy de vez en cuando, y yo como buena pícara se los quitaba cuando no miraba. Irremediablemente al abrir la caja, el aroma a menta me lleva a esa casa, con la lámpara de araña, con ella y sus gafas. Con los días de mercado. Los domingos con la F1 y mis tíos. Su jabón de rosas. Y todo aquello que un soplo de aire se llevó una mañana de junio.
Seguramente he olvidado muchas cosas de ella, pero siempre tengo algo, que me lleva de nuevo a los 10 años y me deja ahí donde las cosas era más fáciles aunque no del todo sencillas.


Sé (y sabes) que hay algo que siempre nos muestra el camino.





-- Juego conmigo a ser feliz creyendo estar contigo. Después de todo este tiempo me deberías resultar extraña, pero, en realidad, me duele sentirte lejos. --



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