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Prin(cesas)

4/10/10


De princesas va la cosa.
De princesas de pelo largo y vestidos de fiesta que juegan a destrozar corazones.

Aunque lo mismo... lo mismo va de corazones que se desgarran y desvelan sus desnudas fibras al aleteo de unos parpados que confunden brújulas y estrellas.
Las vísceras no mienten; su forma, su reacción y las acciones que han prescrito no sólo hablan de su dureza sino de lo endebles que fuimos antes.
Ciegos necios de manos tristes y envejecidas que mueren al contacto de una piel distinta a la propia.

Mientras, un trovador con un sombrero de ala ancha, nos canta en manga corta nuestra desafinada historia que verso a verso se resta a menos leyenda.
Serás un cuento infantil, le dijo.
Cuando tus recuerdos toquen fondo, ahogarás tus penas en vodka barato y mujeres más baratas todavía.

Porque desde el pozo ha dejado de verse la salida. La noche ha camuflado la luz que te guiaba y ahora, tan sólo te resignas.
A ver pasar la nada de la mano de la vida mientras charla con el amor de un juego en el que no eres ni la princesa ni el villano.
No hay más sueños que cumplir si dejas de soñar.

Lástima jugárselo todo a un farol de besos y quedarte siendo sapo. Habiendo jugado hasta las cuencas de los ojos.

Tal vez otra oportunidad? Las princesas no repiten juego.
Están demasiado aburridas paseando por sus nobles jardines llenos de pobres súbditos enamorados de su vida.
Riendo a carcajadas mientras hablan del inepto que creía que podía tener un reino al lado de una reina siendo sólo un sapo que escribía versos a la luna.
Ni poetas ni hadas.
Ni cuentos ni veranos.
Sólo otoños de desnudos frívolos que se visten de primavera y se van marchitando hasta el invierno.
Como flores sin tierra.
Hielo que nunca se deshiela y agua que nunca hierve.
Celos que no son celos sino miedo.
Y miedos que son más cobardes que todas las lunas nuevas.
Para la princesa que no desgarra un corazón no existe la gloria eterna.

Y tú, vasallo, escondes tras cada achique de cabeza un minuto de reposo en el fondo del pozo que sin saberlo, tú mismo cavaste.
Como dicen, los sueños, sueños son. Y aunque lo callen, las princesas no son para los sapos, son para crueles villanos de armadura negra y negro escudo, y más negro corazón.
Quédate si quieres esperando el cuento.
Yo por si acaso, me resigno a trovador.





-- Tenía que encontrarme contigo. Esa era la señal. Me has salvado la vida. --



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