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LLuvia

10/1/11



Y si te digo que los días pares no puedo respirar?
Se me acumula el color gris en el lateral izquierdo del tórax y se me cuelan tus reproches por norte de los bolsillos.
Las goteras son de aire condensado, calor humedecido que llora por cada pared.
Desbordando los dibujos del papel pintado.
Oigo música a través de las costillas de las paredes.
Justo dónde se esconde el corazón de los edificios.
Por encima del sonido del metrónomo que llevo atado con alambre al pecho.
Muevo las manos agitando marionetas que no existen tan sólo por hacerte reír.
Mientras hoy, que es día par, se me secan los pulmones y la rabia.
La imagen del mundo que devuelven los espejos es distinta dependiendo de la hora del día.
Sumergidas quedaron todas las palabras que se escribieron con tinta indeleble y que hoy, se han borrado.
Parecidos razonables entre tus sentimientos y los de nadie.
Cuando tras las cortinas el sol se esconde y asoma tímido con una sonrisa.
Cuatro cuartos de tempo y tiempo para rellenar con segundos que se evaporan como el alcohol.
De cada dos argumentos uno siempre es mentira.
Y todo lo que puedo medir siempre es pesa más de lo que mide.
Como siempre, volvimos a los caminos para ver lo que anduvimos
Para no volver nunca a cometer los mismos errores.
Aguarda bajo el techado con tu imagen infantil de enormes ojos y limpia mirada.
Espera a que pasen las lluvias y los tornados.
Tarde o temprano vendrán cobardes con crueldad tatuada en los labios para entorpecer tu infancia.
Pero mantente libre y consentido.
Sublime y perspicaz, para que cuando te moje la lluvia no te cale los huesos.
Detrás de todos los truenos, siempre hay un cielo que llora.
Delante del jardín donde jugábamos en verano, sigue estando el mismo chico vendiendo la misma limonada.
Acida y sin azúcar.
Hay cosas que no cambian, y cosas que no deberían cambiar jamás.
No respiro porque me cuesta, no respiro porque me duele, no respiro porque vinieron los años vestidos de adulto y adulteraron lo que fuimos.
No respiro porque lo mismo si lo hago, dejaré de escuchar la música y sólo quedará el metrónomo, sangrando compases entre mis manos.


-- No necesito ser el primero, sólo el último. --



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